Ciudad de Guatemala, 10 de noviembre de 2025.
Durante años, el caso Continental Towers fue una historia prohibida. Se habló en voz baja, se archivó en
carpetas selladas y se protegió bajo el manto de la “confidencialidad internacional”. Hoy, esa muralla se
derrumba, y lo que sale a la luz tiene el peso de un terremoto: arbitrajes manipulados, filtraciones ilegales,
bancos globales bajo sospecha y jueces que prefirieron mirar hacia otro lado.
El silencio terminó. Y el eco que deja es ensordecedor.
Del negocio perfecto al fraude encubierto
Todo comenzó como una operación empresarial legítima: tres grupos de accionistas —Terra Towers, TPG
Peppertree Capital y AMLQ— disputaban el control de una empresa valuada en 900 millones de dólares.
Pero en 2020, dos de ellos promovieron su venta por apenas 350 millones, una diferencia que huele a más
que simple error de cálculo.
Los fundadores Terra Towers se negaron y, con eso, desataron una guerra legal que cruzó fronteras. El
arbitraje internacional en Nueva York, conducido por la American Arbitration Association (AAA), debía resolver
el conflicto. En la práctica, se convirtió en un campo minado de intereses, filtraciones y traiciones internas.
“Confidencialidad”: el disfraz del silencio
Durante años, el proceso fue guardado bajo llave. Nadie hablaba, nadie preguntaba. Pero el juez
guatemalteco que rompió esa reserva encontró algo alarmante: los mismos que impusieron el silencio
fueron los primeros en violarlo.
El presidente del tribunal arbitral, Marc Goldstein, publicó fragmentos del expediente en su blog personal —un
acto que en cualquier sistema serio sería una bomba de tiempo— y otros documentos secretos aparecieron
en manos de abogados en litigios en El Salvador, Perú y Guatemala.
El juez fue contundente:
“La confidencialidad fue usada como cortina para ocultar irregularidades. No para proteger la justicia.”
Y con eso, el mito del arbitraje neutro empezó a desmoronarse.
Los árbitros designados por la AAA, Marc Goldstein, Mélida Hodgson y Zeigler, enfrentan denuncias por
conflictos de interés que rayan en lo escandaloso:
• Goldstein, vinculado familiarmente a un accionista.
• Hodgson, relacionada con bufetes que tenían intereses cruzados.
• Zeigler, señalado por exceder los límites legales del tribunal.A pesar de las acusaciones formales, la AAA no movió un dedo. En el mundo del arbitraje internacional, la
justicia parece funcionar como un club privado: se entra por invitación y se calla por conveniencia.
Extradiciones, capturas y delitos que cruzan fronteras
Lo que empezó como una disputa comercial se transformó en un escándalo penal internacional.
• Jorge Gaitán Paredes fue extraditado a El Salvador.
• Los ejecutivos de TPG Peppertree, Howard Mandel, Ryan Lepene y John Ranieri, tienen órdenes de
captura internacionales con apoyo de INTERPOL.
Los delitos en investigación incluyen hurto agravado, estafa, asociación ilícita y extorsión.
El Ministerio Público de Guatemala ya advirtió:
“Ninguna resolución arbitral extranjera puede interferir con la justicia soberana de un país.”
En otras palabras, el arbitraje podrá tener sellos de Nueva York, pero la justicia aún habla en español.
Banco Santander Colombia y Goldman Sachs: los gigantes en la sombra
El expediente judicial ahora apunta más alto. Según los hallazgos, Banco Santander Colombia habría
facilitado movimientos financieros irregulares ligados a la venta de Continental Towers, en coordinación con
Goldman Sachs en Estados Unidos.
¿Una simple coincidencia bancaria? Difícil de creer. Los documentos sugieren un entramado financiero
transnacional diseñado para mover capitales disfrazados de arbitrajes y compraventas corporativas.
Hasta hoy, Santander guarda silencio, un silencio tan pesado que ya se confunde con la complicidad.
En su fallo, el juez guatemalteco escribió una frase que resume el espíritu del escándalo:
“Cuando la confidencialidad se convierte en arma, la transparencia se vuelve obligación.”
Con esa decisión, Continental Towers fue autorizada a hablar públicamente. Y designó una vocera del
interventor judicial, encargada de revisar y divulgar la información oficial del caso.
La historia ya no se trata solo de una empresa. Se trata de cómo el poder financiero y el arbitraje privado
pueden operar al margen de la justicia, manipulando la ley bajo el escudo de la confidencialidad.
El caso Continental Towers es más que una disputa corporativa: es una denuncia abierta contra los abusos
del arbitraje internacional, un sistema que promete justicia pero muchas veces reproduce los vicios del
poder que dice vigilar.
Desde Guatemala, un país pequeño en el mapa financiero, se alza una advertencia con resonancia global:
ninguna firma, ningún banco, ningún árbitro está por encima de la ley.
Lo que antes fue confidencialidad, hoy es sinónimo de encubrimiento.
Y lo que se llamó arbitraje, empieza a parecerse demasiado a la palabra corrupción.
